Hay casos en los que cuando una persona se siente amada o añorada por otra, toma la actitud de hacerse el desentendido, por la seguridad de que sin importar lo que haga, la persona enamorada estará siempre disponible y suplicante de ser correspondido. En ocasiones suele ser una sensación de poder embriagante
El amor no es un juego ni una condición a la que se llega por voluntad propia, realmente nadie decide… me voy a enamorar de tal o cual persona, es más bien una situación involuntaria. Partiendo de ese punto, nadie puede estando enamorado vivir tranquilo si no se encuentra al lado de quien quiere, por lo tanto en aras de ese sentimiento, la persona llegará a cometer actos atípicos de su temperamento y que se podrían tildar de locuras.
Cuando una persona se siente enamorada en grado extremo, incurre en sensaciones continuas de euforia, siente que lo que vive es un sueño del que no puede despertar, los primeros días es difícil conciliar el sueño, la emoción se vuelve incontenible.
Cuando el sentimiento recién comienza, tiende a volverse como una inquietud que lentamente nos va envolviendo… a medida que pasan los días, el interés aumenta y la necesidad de estar cerca de esa persona especial a nuestros sentidos se vuelve cada vez más insoportable.
Por lo general, a la larga no nos sirve la reflexión sobre el tema, ya que los sentimientos son los dominantes del panorama. Sin importar cuánto nos adviertan o pretendan prevenirnos, tendemos a correr hacia esa fascinación llamada amor.
Estar enamorado puede ser un sentimiento inmensamente constructivo, pero por desgracia, cuando no es correspondido, se torna en contra de quien lo siente, aumentando los niveles de depresión en algunos casos de forma peligrosa. La persona que no siente correspondido su amor, en algunos casos, hasta encuentra un reactor que al encenderse conlleva a buscar perjudicar a quienes siente que se han confabulado en su contra, en estos raros casos, la intervención de un psiquiatra es del todo urgente e irreemplazable.
